Señales de que podrías mejorar tu Inteligencia Emocional

Ocho señales que indican que alguien puede (o debe) mejorar su Inteligencia Emocional:

Primera señal: Juzga cómo se sienten los demás

Las personas con poca Inteligencia Emocional critican cómo se sienten los demás, cuando lo cierto es que no podemos controlar el hecho de que sintamos.

Las emociones son el resultado de las predicciones de nuestro cerebro de los estímulos que experimentamos, tanto positivo como negativo.

No podemos controlar en una primera instancia lo que nos pone tristes, enfadados o felices.

Por lo tanto, no tiene sentido juzgar algo que no podemos controlar.

Las personas emocionalmente inteligentes ven cada interacción que tienen con los demás como oportunidades únicas para:

  • ofrecerles seguridad emocional;
  • hacerles sentir valorados y especiales, y
  • demostrarles que son de confianza.

El objetivo de una persona emocionalmente inteligente siempre será hacer sentir a la persona que habla valorada, comprendida y respetada.

Suelte lo que suelte por su boca.

Y para eso, valoran, comprenden y respetan los sentimientos, necesidades y opiniones de los demás.

Segunda señal: No tiene en cuenta cómo sus decisiones pueden hacer sentir a los demás

Las personas con poca Inteligencia Emocional no prestan demasiada atención a los sentimientos de los demás ni tienen en cuenta cómo sus decisiones pueden hacer sentir a los demás.

Las personas emocionalmente inteligentes, en cambio:

  • Entienden y respetan las opiniones y acciones de los demás porque se esfuerzan en ver las cosas con la perspectiva de los demás; se ponen en los zapatos de otros.
  • Entienden y respetan cómo se deben de sentir los demás debido a acciones ajenas, porque recuerdan cómo se sintieron ellos mismos en situaciones parecidas.
  • Entienden cuando los demás necesitan ayuda y, sin necesariamente sentir lo mismo que estos, están dispuestos a ayudarles.
Cuando te decepcionan

Tercera señal: Se queja continuamente

Las personas con poca Inteligencia Emocional tienden a quejarse por lo que sienten, piensan o hacen los demás, simplemente porque no comparten estos.

Las personas emocionalmente inteligentes de verdad, en cambio, comprenden que hay muy poco sobre lo que tienen control en sus vidas.

Por una parte, son conscientes de que no es posible controlar lo que sienten o lo que piensan de los estímulos que experimentan —no podemos controlar lo que nos pone tristes, lo que nos enfada o lo que nos hace gracia—.

Y, evidentemente, no pueden controlar cómo se sienten —ni cómo piensan, ni cómo actúan— los demás. Por lo tanto, saben que lo único que tienen influencia directa en sus vidas es cómo reaccionan a sus propias emociones y pensamientos, y a las acciones de los demás.

Nada más ni nada menos.

Intentar controlar lo que no podemos —todo lo demás— siempre va a conducir al sufrimiento.

Las personas emocionalmente inteligentes colocan su felicidad y bienestar en aquello que pueden realmente controlar.

Cuarta señal: Es incapaz de crear confianza en los demás

Las personas poco emocionalmente inteligentes no saben crear confianza en sus relaciones, mientras las personas con Inteligencia Emocional se esfuerzan en crear seguridad emocional en los demás.

Es decir, se esfuerzan en conseguir que sus relaciones se encuentren tan emocionalmente seguras en su presencia que quieran pasar su tiempo con ellos, sientan aprecio por ellos y les respeten por cómo les tratan.

Para ello, las personas emocionalmente inteligentes:

  • no critican;
  • no hablan sobre lo que quieren hablar, sino de lo que el oyente quiere oír;
  • se interesan por los demás (de manera sincera);
  • llaman a los demás por su nombre, y
  • animan a los demás a hablar de sí mismos.
Cuando te rechazan de primeras

Quinta señal: Le cuesta adaptarse a nuevas circunstancias y ambientes

Cuando experimentan contratiempos personales o fracasos profesionales, las personas con poca Inteligencia Emocional sufren al sentir emociones desagradables durante un periodo prolongado de tiempo, suficiente como para crear hábitos destructivos y poco beneficiosos para su bienestar emocional. Las personas emocionalmente inteligentes, en cambio:

  • Únicamente prestan atención a aquello que tienen capacidad de influencia.
  • Eligen gestionar sus emociones ejerciendo una visión positiva de la situación.
  • Interpretan sus sentimientos incómodos como oportunidades para comprenderse mejor a ellas mismas y crecer personalmente.

Esta actitud permite que aprecien nuevas experiencias y, en última instancia, se sientan cómodas ante el cambio y la adversidad. 

Sexta señal: Nunca se hace responsable de lo que le ocurre en su vida

Las personas con poca Inteligencia Emocional rara vez se hace responsable de lo que le ocurre en su vida, mientras que las personas emocionalmente inteligentes de verdad se hacen siempre responsables de aquello que pueden o pudieron controlar.

Como nuestras emociones derivan de nuestro pasado y de nuestras experiencias, nuestras emociones son nuestras y de nadie más. Y las emociones de los demás son suyas, siendo cada uno responsable de sus propias emociones.

Por eso responsabilizar a los demás de algo que les es imposible controlar ―como nuestras propias emociones, pensamientos o acciones― es injusto. En consecuencia, las personas emocionalmente inteligentes siempre asumen la responsabilidad de lo que es suyo; sus emociones y sus pensamientos, y de lo que pueden controlar; de cómo reaccionan a estos ―sus acciones―.

Además, las personas emocionalmente inteligentes no solo se hacen responsables de lo que pueden controlar, sino de lo que pudieron controlar también.

Una persona emocionalmente inteligente de verdad, al suspender un examen nunca pensará:

«El profesor suspendió mi examen porque me odia. No puedo hacer nada al respecto», sino que dirá:

 «Vale, he suspendido el examen y es responsabilidad mía. ¿Qué puedo hacer para aprobar la próxima vez?»

Una persona emocionalmente inteligente de verdad, cuando ha perdido su puesto de trabajo, nunca pensará:

«Mi jefe me ha despedido del trabajo y se va a arrepentir ese hijo de….», sino que dirá:

«Vale. He perdido mi trabajo y probablemente exista una buena razón para ello. Debo haber cometido algunos errores y voy a esforzarme en entenderlos, en mejorar y en asegurarme también de que no vuelvan a ocurrir en mi próximo trabajo».

Séptima señal: No sabe (ni quiere) solucionar conflictos con los demás

Las personas con poca Inteligencia Emocional evita tener y solucionar conflictos con los demás, mientras que las personas emocionalmente inteligentes aprovechan los conflictos para reflexionar sobre posibles hábitos poco saludables que puedan tener con sus relaciones y construir estrategias para evitar tener conflictos con los demás de nuevo en el futuro.

Además, saben que la mejor manera de solucionar cualquier conflicto con otra persona y de llegar a un acuerdo mutuo, es expresar cómo se sienten y qué necesitan de la otra persona.

Octava señal: Le falta sentido del humor (reírse de uno mismo)

Las personas emocionalmente inteligentes escuchan, valoran, respetan y utilizan sus emociones para conocerse mejor a ellas mismas. Gracias a sus emociones, comprenden mejor lo que les gusta hacer en la vida, lo que les apasiona, lo que les molesta de los demás o lo que preferirían no volver a experimentar nunca más.

Esto ayuda también a identificar virtudes personales y puntos a mejorar. En consecuencia, las personas emocionalmente inteligentes confían mucho en ellos mismos, se sienten muy cómodas en su propia piel, pueden reírse de ellas mismas y tienen más posibilidades de alcanzar sus metas y cumplir sus sueños.

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