Cómo ser un líder emocionalmente inteligente

Hoy en día está muy de moda eso de la Inteligencia Emocional en las empresas, ¿no crees?

Lo cierto es que la Inteligencia Emocional es absolutamente clave para liderar de manera eficiente. Y no lo digo yo, sino miles de estudios realizados alrededor del mundo.

El coeficiente intelectual (IQ), teoriza Daniel Goleman, hace una especie de efecto suelo en el mundo laboral; la inteligencia matemática/lógica puede darte un puesto de trabajo frente a otros candidatos, pero nunca te hará escalar en la organización en la que te encuentras ni alcanzar tus mayores retos y sueños personales.

Es decir, nuestro coeficiente intelectual está muy bien para conseguir un puesto de trabajo, pero está claro que no es suficiente para ser exitoso. 

Y mucho menos para liderar.

Si no, todo el mundo lo haría de maravilla.

Para esto necesitamos una alta capacidad de concentración, seguridad en nosotros mismos, resiliencia, entender las necesidades de los demás, generar confianza en los demás, convencer, trabajar en equipo…

Es decir, necesitamos Inteligencia Emocional.

En este artículo te presento siete características de las personas emocionalmente inteligentes de verdad, para averiguar si tu jefe –o tú mismo– lo es o no, además de cinco hechos que todo líder –emocionalmente inteligente– debe saber si quiere mejorar los resultados de la organización para la que trabaja.

Por último, te presento cinco hábitos a adoptar para ser un líder emocionalmente inteligente.

Cómo saber si tu jefe (o tú) es emocionalmente inteligente de verdad

Vamos a jugar a un juego. Voy a nombrar siete características de las personas emocionalmente inteligentes de verdad. Tú solo tienes que contar cuántos puntos obtiene tu jefe/a.

Una característica = un punto.

Cuanta más puntuación obtenga tu jefe/a, más emocionalmente inteligente es.

Comencemos:

Característica n.º uno: Es consciente de lo que está ocurriendo en el momento presente

Si tu jefe/a tiene una gran capacidad de atención y sabe identificar lo que está haciendo, pensando y sintiendo en cada momento, obtiene un punto.

Característica n.º dos: Es consciente de sus virtudes y áreas de mejora

Si tu jefe/a sabe perfectamente qué es lo que se le da bien y qué no tan bien, tiene cero problemas en reconocer sus defectos y se rodea de personas que le complementan, obtiene un punto.

Característica n.º tres: Tiene seguridad en sí mismo/a

Si tu jefe/a no tiene ninguna necesidad de manipular o controlar a los demás, confía en sus capacidades y en las de su equipo y ayuda a los demás a brillar en vez de entorpecer su desarrollo y aprendizaje, obtiene un punto.

Característica n.º cuatro: Se hace responsable de sus emociones, acciones y decisiones

Si tu jefe/a se hace responsable de lo que hace, dice y siente ―además de lo que le ocurre en su vida― y nunca hace responsables a los demás de algo que podría haber influenciado o controlado él/ella, obtiene un punto.

Característica n.º cinco: Se centra solamente en aquello que puede controlar

Si tu jefe/a no pierde el tiempo en circunstancias o individuos que no puede controlar, y en vez de quejarse de lo que le ocurre o de lo que hacen los demás, se centra en lo que puede hacer él o ella para revertir la situación, obtiene un punto.

Característica n.º seis: Es consciente de las emociones de los demás

Si tu jefe/a presta atención a cómo se siente la gente a su alrededor, interesándose por su bienestar y salud, y respeta y valora las emociones de los demás, obtiene un punto.

Característica n.º siete: Crea confianza en los demás

Si tu jefe/a no tiene problema en mostrarse tal y como es realmente, es natural y cercano/a, y cae bien a los demás sabiendo crear confianza con las personas de su alrededor, obtiene un punto.

De acuerdo. Vamos a ver ahora cinco hechos que todo líder –emocionalmente inteligente–, debe conocer:

Hecho n.º uno: Las emociones influyen en todas las decisiones

Vídeo extraído del curso Trabajar con Inteligencia Emocional, el cual está en proceso de edición. Si deseas ser notificado/a cuando este esté terminado, apúntate aquí (no te enviaré ningún otro email que no sea para informarte sobre el curso).

Las emociones moldean el pensamiento y este dirige las acciones.

¿Por qué?

Nuestro cerebro está constantemente prediciendo lo que sucederá en el siguiente instante de nuestra vida ―tanto positivo como negativo― y, por lo tanto, cómo nos sentiremos en el próximo segundo de nuestras vidas.

Así funciona nuestro cerebro y en concreto una parte llamada amígdala.

Las predicciones de nuestra amígdala ―la cual busca protegernos de amenazas que atentan contra nuestra supervivencia―, vienen derivadas de experiencias obtenidas del pasado o de momentos del pasado que a nuestra amígdala le recuerda al momento que estamos experimentando ahora mismo. Dependiendo de sus predicciones, el cerebro libera diferentes sustancias químicas que provocan cambios fisiológicos en el cuerpo que nos preparan para lo que la amígdala ha predicho.

Es decir, que lanza sustancias químicas que nos hacen sentir de cierta manera. Normalmente, estos químicos son dopamina en el caso de ser predicciones positivas ―o endorfina, serotonina u oxitocina también, dependiendo de la situación― o cortisol, que es la hormona del estrés, en el caso de ser predicciones negativas.

Esos químicos son las emociones y su misión es animarnos a pasar por ciertas experiencias o protegernos de ellas.

Las emociones es la manera que tiene nuestro cerebro de comunicarnos el resultado de sus predicciones.

Tras sentir emociones ―sensaciones corporales―, estas moldean nuestros pensamientos a favor de las predicciones de nuestro cerebro. Es decir, que nuestros pensamientos se adaptan a lo que sentimos para evitar una situación ―si nuestro cerebro predice que una situación es peligrosa― o animarnos a pasar por esa experiencia ―si nuestro cerebro predice que una situación es segura―. 

Moldean nuestra percepción de la situación y luego reaccionamos a toda nuestra experiencia. Pero claro, reaccionamos a todo lo que nos ocurre moldeados por nuestras propias percepciones ―por nuestra propia perspectiva de la situación―, que a su vez están moldeados por las sensaciones en el cuerpo que sentimos y que a su vez, están moldeadas por nuestra propia experiencia pasada.

Y esto ocurre en cada instante de nuestra vida aunque no seamos conscientes.

Por eso, nuestras percepciones ―y la de los demás― nunca van a ser objetivas.

Y nuestras acciones ―y la de los demás― nunca serán 100% racionales.

Por esta razón, las decisiones de los líderes y la de sus empleados serán siempre diferentes dependiendo del estado de ánimo en el que se encuentren.

Los líderes emocionalmente inteligentes son conscientes de este hecho y hacen todo lo posible para que las decisiones ―las suyas y la de todos los empleados― se tomen en un estado de ánimo óptimo, evitando así decisiones emocionales.

Hecho n.º dos: El cerebro necesita seguridad emocional

Por como funciona nuestro cerebro, una persona que se siente emocionalmente insegura es una persona estresada, incómoda y limitada.

Cuando nos encontramos bajo estrés, actuamos a la defensiva; estamos alerta a lo que dicen y hacen los demás para defendernos de sus ataques, lo que hace imposible ver nuestra mejor versión.

Un cerebro estresado es un cerebro inseguro; más egoísta, negativo, envidioso y emocional de lo habitual.

Si los empleados no se sienten libres, su creatividad, compromiso y eficacia disminuirá.

Hecho n.º tres: Las emociones son contagiosas

Gracias a un tipo de neuronas llamadas neuronas espejo, las emociones y estados de ánimo se contagian de unos a otros.

El estado de ánimo (tanto positivos como negativos) se contagia inconscientemente entre nuestras relaciones, sobre todo en las que son verticales (padres-hijos, jefe empleado, profesor-alumno), aunque viceversa también puede ocurrir.

Los líderes emocionalmente inteligentes saben que su propio estado de ánimo influye directamente en el estado de ánimo de todo su equipo y, por lo tanto, en el de toda la organización.

Hecho n.º cuatro: El multitasking no existe

Podemos hacer distintas cosas a la vez, pero no de manera eficiente.

Y eso es porque nuestra mente solo puede concentrarse al 100% en una sola cosa a la vez.

Podemos intentar hacer dos, tres o cuatro tareas al mismo tiempo, pero nuestro cerebro nunca se concentrará al 100% en todas las tareas a la vez.

Si estamos realizando dos cosas al mismo tiempo, se dará un 50% de atención a una y otro 50% de atención a la otra.

O un 60% y 40%, o un 80% y 20%… depende de la prioridad que le demos a cada tarea.

Una cultura de multitasking puede dañar la productividad de una organización.

Hecho n.º cinco: Los conflictos sin resolver se acumulan

Muchos piensan que las emociones incómodas desaparecen si evitamos hablar de ellas, como si el polvo acumulado detrás del sofá fuera a limpiarse por arte de magia.

Está científicamente probado que si no comunicamos lo que nos sienta mal de nuestras relaciones, vamos acumulando ―inconscientemente― emociones incómodas hacia nuestras relaciones hasta que sentimos rechazo hacia ellas.

Por ello, los líderes emocionalmente inteligentes comunican sus emociones siempre que se sientan incómodos por algo que ha dicho o hecho otra persona, al igual que crea un entorno seguro en la organización para que sus empleados también lo hagan. Pero ojo; nunca juzgando o culpando a los demás y siempre haciéndose responsable de sus emociones y necesidades.

No solucionar los conflictos puede tener consecuencias muy negativas para la organización.

Perfecto. Ahora bien, ¿cómo podemos empezar a desarrollar Inteligencia Emocional?

Aquí te dejo una breve lista de cinco hábitos que debes adoptar cuanto antes si quieres ser un líder un poco más emocionalmente inteligente.

Comencemos.

Hábito n.º uno: Meditar

Vídeo extraído del curso Trabajar con Inteligencia Emocional, el cual está en proceso de edición. Si deseas ser notificado/a cuando este esté terminado, apúntate aquí (no te enviaré ningún otro email que no sea para informarte sobre el curso).

Sorpresa.

Las personas emocionalmente inteligentes son conscientes de lo que están pensando, sintiendo y haciendo en todo momento ―están siempre presentes en su experiencia―, y recuperan rápidamente su atención cuando se distraen. Entrenan la capacidad de dirigir su foco de atención adonde quieren y cuando lo desean, porque saben que su realidad y experiencia está determinada por la percepción que tengan en ese instante. 

La atención plena se entrena mediante cualquier práctica que ejercite la capacidad de concentración y de ser conscientes de lo que pensamos en todo momento, siendo varios tipos de meditación Mindfulness las más reconocidas y eficientes según la ciencia.

Te ayudará a ser consciente de lo que estás pensando, sintiendo y haciendo en el momento presente, creado más espacio entre los estímulos y tus respuestas a estos.

Hábito n.º dos: Utilizar tus emociones

Nuestras emociones nos indican lo que nos gusta, lo que nos apasiona, quien nos enamora, lo que tenemos que mejorar, lo que debemos evitar…

Las personas emocionalmente inteligentes escuchan, valoran, respetan y utilizan sus emociones para conocerse mejor a ellas mismas. Gracias a sus emociones, comprenden mejor lo que les gusta hacer en la vida, lo que les apasiona, lo que les molesta de los demás o lo que preferirían no volver a experimentar nunca más. Esto ayuda también a identificar virtudes personales y puntos a mejorar.

Perdona mi lenguaje, pero es una estupidez no fijarnos en cómo nos hace sentir lo que hacemos y con quien pasamos el tiempo.

Hábito n.º tres: Preocuparte solo por aquello que puedes controlar

Vídeo extraído del curso Trabajar con Inteligencia Emocional, el cual está en proceso de edición. Si deseas ser notificado/a cuando este esté terminado, apúntate aquí (no te enviaré ningún otro email que no sea para informarte sobre el curso).

Las personas emocionalmente inteligentes de verdad comprenden que hay muy poco sobre lo que tienen control en sus vidas.

Por una parte, son conscientes de que no es posible controlar lo que sienten o lo que piensan de los estímulos que experimentan ―no podemos controlar lo que nos pone tristes, lo que nos enfada o lo que nos hace gracia―.

Y, evidentemente, no pueden controlar cómo se sienten ―ni cómo piensan ni cómo actúan― los demás. Por lo tanto, saben que lo único que tienen influencia directa en sus vidas es cómo reaccionan a sus propias emociones y pensamientos, y a las acciones de los demás.

Nada más ni nada menos.

Intentar controlar lo que no podemos siempre va a conducir al sufrimiento.

Hábito n.º cuatro: Hacerte responsable de aquello que puedes controlar

Como nuestras emociones derivan de nuestro pasado y de nuestras experiencias, nuestras emociones son nuestras y de nadie más. Y las emociones de los demás son suyas, siendo cada uno responsable de sus propias emociones.

Por eso responsabilizar a los demás de algo que les es imposible controlar ―como nuestras propias emociones, pensamientos o acciones― es injusto. En consecuencia, las personas emocionalmente inteligentes siempre asumen la responsabilidad de lo que es suyo; sus emociones y sus pensamientos, y de lo que pueden controlar; de cómo reaccionan a estos ―sus acciones―.

Responsabilizar a los demás de cómo nos sentimos y de las desgracias que nos ocurren en la vida solo nos limita a nosotros mismos y hace sufrir a los demás.

Hábito n.º cinco: Desafiar tus percepciones

Las emociones moldean nuestros pensamientos basándose en eventos que ocurrieron en nuestro pasado.

Nuestro cerebro está constantemente prediciendo lo que sucederá en el siguiente instante de nuestra vida ―tanto positivo como negativo― y, por lo tanto, cómo nos sentiremos en el próximo segundo de nuestras vidas.

Así funciona nuestro cerebro y en concreto una parte llamada amígdala.

Las predicciones de nuestra amígdala ―la cual busca protegernos de amenazas que atentan contra nuestra supervivencia― vienen derivadas de experiencias obtenidas del pasado o de momentos del pasado que a nuestra amígdala le recuerda al momento que estamos experimentando ahora mismo. Dependiendo de sus predicciones, el cerebro libera diferentes sustancias químicas que provocan cambios fisiológicos en el cuerpo que nos preparan para lo que la amígdala ha predicho.

Es decir, que lanza sustancias químicas que nos hacen sentir de cierta manera. Normalmente, estos químicos son dopamina en el caso de ser predicciones positivas ―o endorfina, serotonina u oxitocina también, dependiendo de la situación― o cortisol, que es la hormona del estrés, en el caso de ser predicciones negativas.

Esos químicos son las emociones y su misión es animarnos a pasar por ciertas experiencias o protegernos de ellas.

Las emociones es la manera que tiene nuestro cerebro de comunicarnos el resultado de sus predicciones.

Tras sentir emociones ―sensaciones corporales―, estas moldean nuestros pensamientos a favor de las predicciones de nuestro cerebro. Es decir, que nuestros pensamientos se adaptan a lo que sentimos para evitar una situación ―si nuestro cerebro predice que una situación es peligrosa― o animarnos a pasar por esa experiencia ―si nuestro cerebro predice que una situación es segura―. 

Moldean nuestra percepción de la situación y luego reaccionamos a toda nuestra experiencia. Pero claro, reaccionamos a todo lo que nos ocurre moldeados por nuestras propias percepciones ―por nuestra propia perspectiva de la situación―, que a su vez están moldeados por las sensaciones en el cuerpo que sentimos y que a su vez, están moldeadas por nuestra propia experiencia pasada.

Nuestras percepciones ―y la de los demás― nunca van a ser objetivas.

Y tú, ¿qué otros hábitos añadirías?

4 comentarios en “Cómo ser un líder emocionalmente inteligente”

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