¿Por qué los hijos se alejan de sus padres?

IMPORTANTE: Este artículo está escrito por alguien que tiene CERO experiencia siendo padre –pero mucha siendo hijo–, que imagina perfectamente lo complicado que es ser padre y que empatiza profundamente con ellos.

Dicho esto, los hijos se alejan de sus padres por la misma razón que los adultos se alejan de otras personas; porque se sienten juzgados.

A nadie le gusta contar cómo se siente, qué piensa y qué error ha cometido y ser juzgado por ello, ¿verdad?

Pues los más pequeños tampoco.

Y no me malinterpretes.

Los hijos no necesitan que sus padres sean sus amigos. Necesitan que sean sus aliados.

Si un hijo le cuenta a su madre que le gusta una chica en el colegio y la madre le responde:

«Eres muy pequeño para que te gusten las chicas. Anda, ponte a estudiar».

Entonces el hijo va a sentir que sus sentimientos no son válidos y, poco a poco, se alejará.

Si una hija le dice a su padre que piensa diferente a él sobre un tema importante y el padre le responde:

«Qué decepción. No me puedo creer que pienses así».

Entonces la hija va a sentir que su padre no respeta su punto de vista y, con el tiempo, se alejará.

Si un hijo le cuenta a su madre que su grupo de amigos se ha enfadado con él –por algo que ha hecho– y la madre le responde:

«¿Cómo se te ocurre hacer algo así? Yo también me hubiera enfadado contigo».

Entonces el hijo va a darse cuenta de que, aún reconociendo sus errores, su madre critica sus acciones. Y, eventualmente, se alejará de ella.

Y, por supuesto, pensará:

«Le acabo de contar a mi padre cómo me siento y no lo ha aceptado. La próxima vez me pensaré dos veces si volver a hacerlo».

Cómo conectar con los hijos

Después de haber leído lo anterior, probablemente estés pensando:

«Perfecto, muchas gracias por la información, pero ¿cómo puedo tener más posibilidades de conectar con mi hijo o hija?»

La respuesta es muy sencilla y, a la vez, bastante complicada de ejecutar.

La próxima vez que uno de tus hijos comparta lo que piensa, siente o hace;

  • deja a un lado tus necesidades como padre/madre;
  • escúchale sin juzgar;
  • acepta lo que decide compartir contigo y;
  • ayúdale con tu sabiduría si lo crees necesario.

Además, cada vez que interactúes con él o ella, regálale toda tu atención e interés, evitando distraerte durante la interacción.

Ambos puntos son cruciales para conectar de verdad con los hijos.

Cómo escuchar (bien) a tus hijos

Cuando escuches sobre la vida de tus hijos, sus aficiones y sus problemas, debes tratar de escuchar de manera empática y activa.

¿Qué significa escuchar de manera empática y activa?

Este tipo de escucha requiere mucho más que recopilar información con nuestros oídos para poder responder de manera adecuada a lo que la otra persona –en este caso, un hijo– te está contando.

Aunque siempre creamos que tenemos la solución a todos sus problemas.

Este tipo de escucha requiere mucho más que escuchar una historia, esperando impacientemente que se termine para poder responder.

  • Escuchar de manera empática y activa significa esperar a que tu hijo diga todo lo que lleva dentro para ofrecer una opinión.
  • Escuchar de manera empática y activa significa reflejar lo que escuchas ―con empatía y sin criticar― para que tu hijo sienta que le estás prestando atención.
  • Escuchar de manera empática y activa significa valorar las emociones de tu hijo para luego ayudarle a gestionarlas de forma sana y eficiente.
  • Escuchar de manera empática y activa significa olvidarte de tus necesidades y opiniones personales, concentrándote en las necesidades y problemas de tu hijo.

El objetivo

El objetivo de un padre o una madre emocionalmente inteligente siempre será hacer sentir a su hijo valorado, comprendido y respetado.

Suelte lo que suelte por su boca.

Y para eso, debemos valorar, comprender y respetar sus sentimientos, necesidades y opiniones.

¿Que tu hijo nos cuenta que se siente triste? Pues tú respetas su emoción sin criticar que se sienta de esa manera, haciéndole pensar formas de gestionar sus emociones de manera sana.

¿Que nos cuenta que tiene una opinión contraria a la tuya? Pues tú respetas su opinión sin criticar que piense de esa manera, ofreciéndole la tuya para que reflexione si la suya es la correcta.

¿Que nos cuenta que ha pegado a otro niño? Pues tú le escuchas sin criticar sus acciones.

Porque, ¿no es eso lo que todos queremos?

¿No queremos todos contar nuestras preocupaciones, nuestros errores, nuestras necesidades y nuestras historias sin sentirnos juzgados?

Recuerda que ni las emociones ni los pensamientos se pueden controlar en una primera instancia. Por lo tanto, el objetivo de un padre o una madre emocionalmente inteligente es explorar, respetar y utilizar las emociones de sus hijos y las suyas propias para solucionar problemas, nunca reprimirlas.

El resultado

¿El resultado?

Que tu hijo sienta que puede compartir contigo cualquier sentimiento, secreto y problema. Sin importar qué sientan o piensen.

Que sepan que independientemente de lo que te cuenten, nunca les vas a criticar por sentir o pensar lo que sea.

De esta manera, siempre se sentirán validados, comprendidos y respetados en tu presencia.

Y sentirse así, es adictivo.

De hecho, puede que sea una de las mejores sensaciones que existen.

De esta manera conseguirás que tus hijos te respeten y quieran por cómo les haces sentir. A cambio, estos volverán a contarte sus cosas cuando lo necesiten, creándose una relación de confianza y cariño a largo plazo entre ambos.

Como resumen, voy a comparar lo que significa escuchar bien ―de forma emocionalmente inteligente― y escuchar mal ―de forma poco emocionalmente inteligente―:

Atención vs. distracción

Una persona que escucha bien siempre hace esfuerzos por no distraerse.

Mientras una persona que escucha mal se distrae y no le preocupa que la persona que habla se dé cuenta.

Continuidad vs. interrupción

Una persona que escucha bien nunca interrumpe hasta que la otra persona termina de decir lo que quiere.

Mientras una persona que escucha mal interrumpe con sus historias y opiniones siempre que puede.

Aclaración vs. pasotismo

Una persona que escucha bien siempre aclara lo que oye cuando sea necesario para que la otra persona se sienta escuchada.

Mientras que a una persona que escucha mal le da igual no enterarse al 100% de lo que la persona está contando.

Sus necesidades vs. las mías

Una persona que escucha bien siempre pone su foco de atención en los objetivos y necesidades de la persona que habla.

Mientras que una persona que escucha mal olvida los objetivos y necesidades de la persona que habla.

Aceptación vs. juicio

Una persona que escucha bien nunca juzga las opiniones, sentimientos o acciones de la persona que habla.

Mientras que una persona que escucha mal critica las opiniones, sentimientos o acciones de la persona que habla.

¡Buena suerte y comenta qué técnica añadirías a esta lista! Te leo en los comentarios.

28 comentarios en “¿Por qué los hijos se alejan de sus padres?”

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