Cómo ser (un poco) más feliz en el trabajo

¿Te gustaría sentirte un poco mejor en el trabajo, pero no sabes por dónde empezar?

Si es así, no te preocupes. Aquí te dejo una breve guía para aquellos que desean comenzar a ser un poco más felices en su entorno laboral.

Comencemos:

Coloca tu bienestar en aquello que puedes controlar

Las personas emocionalmente inteligentes de verdad comprenden que hay muy poco sobre lo que tienen control en sus vidas.

Por una parte, son conscientes de que no es posible controlar lo que sienten o lo que piensan de los estímulos que experimentan —no podemos controlar lo que nos pone tristes, lo que nos enfada o lo que nos hace gracia—.

Y, evidentemente, no pueden controlar cómo se sienten —ni cómo piensan, ni cómo actúan— los demás. Por lo tanto, saben que lo único que tienen influencia directa en sus vidas es cómo reaccionan a sus propias emociones y pensamientos, y a las acciones de los demás.

Nada más ni nada menos.

Intentar controlar lo que no podemos —todo lo demás— siempre va a conducir al sufrimiento.

Debemos colocar nuestra felicidad y bienestar en aquello que realmente podemos controlar.

Recuérdalo la próxima vez que tu jefe esté de mal humor, un compañero haga regular su trabajo o un cliente se encuentre molesto.

Aprende a bajar tus niveles de estrés

Nunca vamos a ser la mejor versión de nosotros mismos si nos encontramos bajo estrés.

Un cerebro estresado es un cerebro menos empático, menos eficiente y menos seguro de sí mismo.

Debemos entonces aprender a bajar nuestros niveles de estrés. Y la forma más sencilla de hacer que esto suceda es manipular nuestra respiración; lo que se llama respiración profunda o diafragmática.

Está científicamente probado que prestar atención y cambiar el ritmo de la respiración nos relaja; disminuye la frecuencia cardíaca y activa el sistema nervioso parasimpático, el cual es responsable de que nuestro cuerpo se relaje.

Vídeo extraído del curso Trabajar con Inteligencia Emocional, el cual está en proceso de edición. Si deseas ser notificado/a cuando este esté terminado, apúntate aquí (no te enviaré ningún otro email que no sea para informarte sobre el curso).

Para bajar los niveles de cortisol, debemos prestar atención al aire que entra y sale de los pulmones y cambiar la proporción de nuestra inhalación y exhalación.

Es decir, inhalar contando hasta cuatro y exhalar contando hasta ocho, por ejemplo.

Y muy importante, nuestra tripa/vientre tiene que subir con cada inhalación y bajar con cada exhalación.

Recuérdalo la próxima vez que estés a punto de dar una presentación, tengas una reunión importante o te encuentres con mucho trabajo y poco tiempo para completarlo.

Haz caso a tus emociones

Nuestras emociones nos indican lo que nos gusta, lo que nos apasiona, quien nos enamora, lo que tenemos que mejorar, lo que debemos evitar…

Las personas emocionalmente inteligentes escuchan, valoran, respetan y utilizan sus emociones para conocerse mejor a ellas mismas. Gracias a sus emociones, comprenden mejor lo que les gusta hacer en la vida, lo que les apasiona, lo que les molesta de los demás o lo que preferirían no volver a experimentar nunca más. Esto ayuda también a identificar virtudes personales y puntos a mejorar.

Si no nos fijamos en cómo nos sentimos con lo que hacemos y con quien pasamos el tiempo, acabaremos con actividades, trabajos y gente a nuestro alrededor que no nos hace feliz.

Recuérdalo la próxima vez que tengas que tomar una decisión importante para tu futuro.

Haz caso a tus emociones… pero piensa siempre en las consecuencias de tus actos

Las emociones dirigen todas nuestras acciones. A veces para ayudarnos y otras para limitarnos.

¿Por qué?

Pues porque las emociones moldean nuestros pensamientos basándose en eventos que ocurrieron en nuestro pasado.

Nuestro cerebro está constantemente prediciendo lo que sucederá en el siguiente instante de nuestra vida —tanto positivo como negativo— y, por lo tanto, cómo nos sentiremos en el próximo segundo de nuestras vidas.

Así funciona nuestro cerebro y en concreto una parte del cerebro que se llama la amígdala.

Las predicciones de nuestra amígdala —la cual busca protegernos de amenazas que atentan contra nuestra supervivencia—, vienen derivadas de experiencias obtenidas del pasado, o de momentos del pasado que a nuestra amígdala le recuerda al momento que estamos experimentando ahora mismo. Dependiendo de sus predicciones, el cerebro libera diferentes sustancias químicas que provocan cambios fisiológicos en el cuerpo que nos preparan para lo que la amígdala ha predicho.

Esos químicos son las emociones y su misión es animarnos a pasar por ciertas experiencias o protegernos de ellas.

Las emociones es la manera que tiene nuestro cerebro de comunicarnos el resultado de sus predicciones.

Tras sentir emociones —sensaciones corporales—, estas moldean nuestros pensamientos a favor de las predicciones de nuestro cerebro. Es decir, que nuestros pensamientos se adaptan a lo que sentimos para evitar una situación –si nuestro cerebro predice que una situación es peligrosa– o animarnos a pasar por esa experiencia –si nuestro cerebro predice que una situación es segura–. 

Moldean nuestra percepción de la situación y luego reaccionamos a toda nuestra experiencia. Pero claro, reaccionamos a todo lo que nos ocurre, moldeados por nuestras propias percepciones —por nuestra propia perspectiva de la situación—, que a su vez están moldeados por las sensaciones en el cuerpo que sentimos y que a su vez están moldeadas por nuestra propia experiencia pasada.

Nuestras percepciones —y la de los demás— nunca van a ser objetivas.

Dejarnos llevar por nuestras emociones puede ser negativo si no pensamos en las posibles consecuencias de nuestras acciones.

Recuérdalo también al tomar cualquier tipo de decisión.

No te compares con los demás

Compararnos con los demás —sin empatía hacia nosotros mismos— nos causará siempre sufrimiento.

Cada uno tiene su propio camino y su ritmo al recorrerlo. Debemos compararnos solo con nuestro yo del pasado.

Recuérdalo la próxima vez que te encuentres criticándote o dudando de ti mismo/a.

Acostúmbrate a estar a gusto contigo mismo/a

Las personas emocionalmente inteligentes saben que la relación que tienen con los demás es un reflejo de la relación que tienen con ellos mismos.

Si aprendemos a cubrir nuestras propias necesidades, no nos hará falta que nadie lo haga por nosotros. De esa manera no haremos responsables a nuestras relaciones de nuestras necesidades, evitando intentar cambiarles si no lo hacen.

Ni les veremos —inconscientemente— como individuos que deben cubrir nuestras necesidades, sino que les veremos y querremos como realmente son.

Querremos a nuestros amigos, parejas y familiares por cómo mejoran nuestra vida, no porque necesitemos que nos hagan felices.

Porque solo nosotros seremos responsables de serlo.

Recuerda; ser emocionalmente inteligente significa hacernos responsables de nuestra propia felicidad.


20 comentarios en “Cómo ser (un poco) más feliz en el trabajo”

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